En Rotherbaum, el barrio de Hamburgo que nos vio nacer, los edificios blancos de la Rothenbaumchaussee llevan más de un siglo en pie, sobrios, proporcionados, sin estridencias. De ese paisaje tomamos el nombre y la manera de hacer las cosas.
Rotherbaum Capital agrupa y acompaña a un conjunto de compañías que comparten esa vocación: rigor técnico, independencia de criterio y visión de largo plazo.
Invertimos con criterio propio y sin los plazos que suelen imponer los vehículos de inversión tradicionales. Eso nos permite tomar decisiones pensadas para la compañía y no para un calendario de salida, y mantener nuestro compromiso también cuando el ciclo económico se vuelve adverso.
Desde la holding prestamos a las participadas servicios de dirección, administración y gestión. Compartimos estructura, procesos y relaciones para que cada equipo pueda concentrarse en lo que mejor sabe hacer, conservando su identidad y su autonomía.
Creemos en las relaciones largas: con los fundadores, con los clientes y con quienes nos acompañan como socios. Preferimos pocas inversiones, bien elegidas y bien atendidas, a una cartera extensa que no podamos cuidar. Y entendemos la discreción como una forma de respeto hacia quienes confían en nosotros.